Gratitud

 Hola hija, buenos días,

Aprovecho para escribirte de día, en un espacio entre reuniones virtuales. Entre todas las cosas malas que ha traído la pandemia, agradezco que aún pueda trabajar de manera remota, que el Cuerpo de Paz no haya cerrado y que aún pueda ganar un sueldo que me permita mantener a mi familia, incluyéndote a ti. Es una bendición que muchos no tienen, sobre todo las personas que tienen que salir a trabajar para ganar el dinero que necesitan para comer ese día. Con esta cuarentena, muchos están pasando hambre.

Cerca de nosotros aquí en Chaclacayo, hay un vecindario pequeño y humilde, nosotros tenemos algunos amigos allí, ellos son comerciantes del mercado, y de tanto ir al mercado hicimos una amistad, una de estas personas, se enfermó y no pudo ir a trabajar por 2 semanas, y en esas dos semanas, al no tener ingresos, estuvo sin poder comer, nosotros nos enteramos por terceras personas, porque no podemos salir, y nos dio mucha pena que no nos hubiera llamado para pedir ayuda. Ya tomamos algunas decisiones para apoyar a esta familia, porque por la gracia de Dios, nosotros seguimos teniendo un ingreso, y esto nos llama a compartir con los que necesitan.

Esta realidad, que nosotros vivimos de cerca con una familia, es la realidad de muchas familias pobres en todo el Perú, muchas veces nosotros nos quejamos de estar encerrados, y ciertamente hay molestias en las restricciones de nuestra libertad, pero a veces no miramos que es mejor estar encerrado en casa, que en un hospital, que es mejor leer un libro que ver un álbum de fotos con personas que ya no están con nosotros, es mejor agradecer un plato de comida que no es nuestro favorito, que no tener nada que comer.

Esta cuarentena extendida, ciertamente no es agradable, pero siempre hay formas de practicar la gratitud, por la salud de nuestros padres, por la comida, por los estudios, por los libros, por los juegos, por la paz en casa, por la ropa, por nuestros sentidos, por las películas, por el internet, y miles de otras cosas que muchas veces las percibimos como derechos, pero que en realidad son privilegios.



Hoy yo doy gracias por ti, mi corazón, porque aunque no puedo verte, ni oírte, puedo escribirte, y saber que me lees, me llena el corazón. Porque eres mi hija primogénita, la que me hizo padre por primera vez, y aprendí muchas cosas a través de ti, muchas cosas cambiaron en mí. Eres mi única hija mujer, y doy gracias porque eres única y diferente, eres inteligente y hermosa. Doy gracias porque a pesar de no vivir conmigo, vives en un hogar donde eres amada, y aunque yo no puedo mostrarte mi amor físicamente con abrazos, besos, miradas y también con disciplina (porque la disciplina es amor), tienes a tu madre y a papá Jorge que te aman, y Zoe como hermana y compañera de travesuras. Eso me hace feliz y me da paz.

La gratitud es la puerta de entrada a la felicidad, es el antídoto para un corazón amargo y quejumbroso. Y aunque siempre podemos encontrar motivos para quejarnos, porque la vida es difícil e imperfecta, también, siempre podemos encontrar motivos para estar agradecidos. Recuerdo un extracto del diario de un autor de un comentario bíblico muy famoso llamado Mathew Henry, quien sufrió un asalto donde le robaron su billetera y escribió lo siguiente en su diario:

“Señor, ayúdame a estar agradecido; Primero, porque nunca antes he sido robado; Segundo, porque aunque se llevaron la cartera, no me quitaron la vida; Tercero, porque aunque se llevaron todo lo que tenía yo, no era mucho; y Cuarto, porque fui yo quien fue robado y no quien robó.”

Si don Mateo Henry pudo encontrar ayuda en Dios para estar agradecido cuando sufrió un agravio, entonces yo también puedo estar agradecido por todo lo que recibo de manera inmerecida de parta de Dios.

Te amo hija, y me llena de gozo que estés en mi vida.

Cuídate,

Papá Luis

Comentarios